viernes, 6 de junio de 2014

CONSULTA PORTÁTIL DE PSICOLOGÍA EN LISBOA (2). SOBRE EL DESASOSIEGO

En la voz del autor...

PARA SOPORTAR LA VIDA
Fattorello Mario en Portugal, sobre el desasosiegoPor años pensé que para hacer la vida soportable, tendría que serle fiel a mis deseos y a mis principios a la vez. Eso significaba que si deseaba cruzar la calle, lo hacía, y cruzaba cuantas calles quería, pero siempre utilizando el debido paso de peatones. Luego le agregué a mi lema la fidelidad a mis conocimientos, a partir de allí podía desear cruzar la calle, usando el debido paso peatonal y en conocimiento del andar apropiado. Hoy en día estoy convencido de que la vida sería insoportable si no le fuera fiel a una cuarta categoría: mis manías. Y ahora cruzo la calle cuando quiero, por donde debo, caminando como puedo y obsesionado en lo que me dé la gana.

EN LISBOA, A MERCED DE LA MANÍA
Una manía que jamás me abandona y me acompaña como sombra, es la necesidad de buscar conceptos contundentes, sentencias categóricas, frases absolutas, adjetivos universales. En esta extravagancia mía, al igual que en la rebusca de trufas, los encuentros son escasos, pero cada hallazgo compensa el esfuerzo. Así llegué a encontrar algunas rarezas como, el título adecuado para todos los libros: «La insoportable levedad del ser» ¿Puede existir alguna obra que no acepte intitularse así? Otra rareza, ésta hallada en el campo de los sustantivos, es el formidable «Quijote», sustantivo absoluto de la exaltación pasional. Al definir a alguien como «un Quijote», no hay más nada que agregar.
Mario Fattorello frente a Pessoa
Mi cuaderno de notas maniáticas tiene muchas más páginas de las que podría llenar, esta manía no tiene pretensiones de extenso catálogo, es cosa de pocas líneas, sólo unas pocas y nada más. Hoy estoy a punto de escribir en él una nueva palabra: «desasosiego». Pero antes de hacerlo debo reflexionar si merece el espacio que ocupará en la hoja. Trataré de ir ordenando las ideas en un folio suelto, mientras estoy sentado a orillas del río Tajo, en la Lisboa de Pessoa, cuyo «Libro del desasosiego» le haría dueño del término, si las palabras pudiesen tener dueño.

DESASOSIEGO TEMPOROESPACIAL
Mario Fattorello en el rio Tajo
Sería inapropiado argumentar sobre el desasosiego sin mencionar, de entrada, su efecto en el espacio y el tiempo «no estar donde se está y no ser cuando se es», eso es el desasosiego.
El desasosiego puede ser adjetivo, verbo o sustantivo; pero en todas sus expresiones se refiere a peces fuera del agua, a estar fuera de lugar, fuera del tiempo, desubicado. El desasosiego es sentir que el cuerpo no nos abarca, como si fuera una boca tratando de engullir una manzana entera, y el tiempo está perdido en un reloj dañado que siempre marca la misma hora, la hora del olvido.
De ponerlo en una balanza, el contrapeso del desasosiego debiera estar hecho de algo seguro, fuerte como el hierro, con los pies sobre la tierra, imponente. Lo contrario a un desasosegado es alguien consolidado; y cuando pensamos en consolidación aparecen imágenes de fortaleza, autonomía, decisión, imágenes todas de semblante altivo como el de un dictador (mientras no sea derrocado), como el de nuestro padre (antes de envejecer y enfermar), como el del magnate (mientras se salve de la bancarrota), como el del galán de cine (siempre y cuando no esté recluido en una clínica de rehabilitación), en fin, asociamos a la contraparte del desasosiego con semblantes momentáneos, de corta vida, instantes, como si el desasosiego ocupara todo el tiempo entre un pestañar y otro.

LA IDENTIDAD DESASOSEGADA
El desasosiego es vacilante porque se alberga en la identidad, y la identidad en sí misma es una incertidumbre que transita disyuntivas shakesperianas sobre el creer y el saber. La identidad se entretiene con elucubraciones como «el que cree no sabe, cree» o «el que sabe no cree, sabe» y cuando se envalentona se siente un Hamlet y empieza a armar dilemas como «¿Creo lo que soy o soy lo que creo?»; o «¿sé lo que soy o soy lo que sé?». ¿Les resulta confuso? Pues esto sólo confirma que su identidad, como la de todos, es ambigua. Pero también irrequieta porque de inmediato nos pican las ganas de seguir haciéndonos preguntas «¿Puede el saber ser una creencia?» o «¿necesito creer en lo que sé para saberlo?» Como pueden ver, en este asunto de la identidad y el desasosiego aplica aquello de si fue primero el huevo o la gallina.

EL DESASOSIEGO Y LA REALIDAD
El desasosiego se desarrolla en la realidad. Cuando alguien se siente fuera de lugar en una reunión de amigos ¿quién es el desubicado? Si le preguntamos al que se siente como pez fuera del agua es probable que acuse a sus amigos de no vivir en la realidad; y, preguntando a los compañeros, podríamos apostar a que le culparían a él de estar fuera de contexto. Particularmente no me atrevo a ser juez en esta causa. ¿Cuáles serían los veredictos posibles? ¿Alguien se atreve a asegurar que quien siente desasosiego es un desadaptado, o que sus amigos son egoístas por no tener empatía hacia su compañero? ¿Quién se atreve a incriminar al inquieto que se siente incómodo en un mundo en el que a nadie sorprende que la más sublime de las virtudes sociales consista en el intercambio de pedacitos de papel moneda? En una realidad tan imprecisa, donde las naranjas no tienen color y el amarillo que le atribuimos pertenece a las ondas electromagnéticas de la luz que de ellas rebota, en una realidad de costumbres, donde nos acostumbramos a no percibir el movimiento del planeta, donde nos acostumbramos a pensar que los árboles son estáticos, y a vivir inconscientes de que el centro de la tierra está en llamas, en una realidad así, una realidad ignara de la propia realidad ¿Quién logra sentirse seguro en casa? ¿Quién está a salvo del desasosiego? ¿Quién puede tener la desfachatez de creerse tan real?

SER O NO SER… MORIR... DORMIR, TAL VEZ SOÑAR
El desasosiego vive al límite de la vigilia y el sueño. Las primeras sendas por las que se asoma la inquietud son preguntas cándidas «¿Los sueños son míos o pertenezco al sueño de los otros?» «¿Sueño o me sueñan?» Vamos, reconozcamos que este asunto lo hemos cavilado todos, en secreto claro está, porque vocearlo daría vergüenza por lo patético. Sin embargo, desde la óptica del desasosiego maduro, la cuestión no se centra en el sueño, sino en la vigilia, y las preguntas son, por mucho, más concretas «¿Es posible despertar? ¿Existe la vigilia?». Luego de lo cual se acaban las preguntas porque comienza el ciclo de respuestas, o sea, el disparate.

DESASOSIEGO EN EL ENAMORAMIENTO
El que se enamora buscando en el otro lo que a él le falta terminará colmando su espíritu con desasosiego. Buscarse a sí mismo en el otro no puede llevar sino al desencuentro. Creo que para todos está claro que el enamoramiento no está hecho para adquirir algo que no se tiene, sólo es un método para compartir lo que ya se posee. El desasosiego es lo que queda cuando se usa al enamoramiento para ser feliz. Es una cuestión de matemática simple, si un infeliz busca pareja para ser feliz, y la pareja, a su vez infeliz, acepta reunirse con él para ser feliz, ¿en qué matemática una infelicidad sumada a otra infelicidad da como resultado la felicidad? Si dos más dos son cuatro, el resultado será doblemente infeliz.
El desasosiego no es fortuito, quien así lo crea desconoce sus reglas. Y por desconocimiento de las reglas se genera, por ejemplo, el desasosiego de la mujer amante del hombre casado, que espera infructuosamente la honestidad de este último, sin querer darse cuenta de estar enamorada de un marido deshonesto, y cuando la deshonestidad se repita, cuando todo fracase, la mujer se justificará a sí misma atribuyéndole al amor el defecto de ser ciego. No pocas veces el desasosiego es consecuencia del capricho.

EL DESASOSIEGO UNIVERSAL
Sin embargo, mencionar lugares o momentos en que el desasosiego se presenta, no logra definir su carácter universal, requisito indispensable para saciar mi manía. Hasta aquí hemos visto que el desasosiego es parte de la condición humana como el aire lo es del cielo; pero ¿cuál será la fuente común de la que emana? Cuando hablamos de buscar fuentes, orígenes, esencias de algo humano no hay que mirar alrededor, hay que buscar adentro. Y con sólo cerrar los ojos la respuesta aparece escrita en los párpados, porque la fuente originaria del desasosiego está en los párpados cerrados, en la muerte. Es la universalidad de la muerte y la consecuente y universal inquietud que ella nos produce, lo que hace del desasosiego un lugar común ¿O es que alguien puede atreverse a encontrar un desasosiego mayor que el proveniente de la Auto Conciencia de Muerte? La enfermedad, la derrota, la desilusión, las pérdidas, son todas sensaciones acompañadas de desasosiego porque nos recuerdan el fracaso final, los párpados cerrados. Y tal vez por ello el desasosiego es ante todo inquietud, la sensación de no poder estarse quieto ante el destino, la necesidad de hacer algo al respecto, la urgencia de salir de esta insensata pequeñez para hacer algo más que humano, hacer algo suprahumano, hacer algo para los demás. Y es aquí donde aflora la trascendencia del desasosiego, en los médicos sin fronteras que persiguen a la enfermedad, en los investigadores que no se quedan quietos hasta alcanzar lo que buscan, en los artistas que ofrecen sosiego y entusiasmo con colores, palabras o música, en los astrofísicos para quienes el cielo no es un límite, el desasosiego impulsa a quienes se levantan al caer y a los que inventan prótesis y medicinas para el que no puede levantarse solo, el desasosiego inspira a los profesores a enseñar sus errores para que los alumnos cometan otros diferentes, el desasosiego es aquello que motiva a los amantes sinceros a aceptar el equívoco y permitirse otra oportunidad, porque la vida no es para estarse quieto, la vida es para andar.

En fin, creo que el desasosiego merece un lugar en mi cuaderno de notas porque así como los polluelos rompen el cascarón cuando el mundo del huevo les queda pequeño, así como el invierno apremia a las aves a migrar, para mí está claro que el desasosiego existe para impulsar la rueda que mueve a la humanidad. 
El desasosiego nos impulsa a crear
El desasosiego mueve la rueda de la humanidad.


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