miércoles, 12 de julio de 2017

CONSULTA PORTÁTIL DE PSICOLOGÍA EN EL MUNDO AL REVÉS. Sobre la lucidez en el poder, amor, sexo y mentiras.

Mario Fattorello © 2017

EL MUNDO AL REVÉS DE LA LUCIDEZ
Reconozco que uno de mis pasatiempos preferidos es meterme en la mente a ver con qué me consigo. Entrar a la lucidez mental es como atravesar un espejo, comparado con el afuera, lo de adentro es un reflejo, al revés.
Lo de afuera se ve diferente desde adentro. Lo lúcido que sale del interior se oscurece al mezclarse con los demás, y es que, para evitar conflictos, se adapta y se transforma, casi siempre, hasta que deja de ser una verdad. Por ello, la historia real es tan diferente al cuento general.
En la lucidez interna, un simple vaso de agua por la mitad, es un misterio. No está medio lleno ni medio vacío. En la lucidez mental no existen polos opuestos ni extremos. A la lucidez le importa un carajo si el vaso es grande o pequeño, si está lleno o a medio llenar, sólo le importa la relación entre la cantidad de agua y la sed a saciar. Así de relativos son los reveses del lúcido mundo interno mental.

EL PODER AL REVÉS
En el mundo externo el poder es algo sencillo y fácil de entender: un asunto de amos y esclavos. Y dependiendo del lado que se esté, es fácil saber la posición que hay que tomar: si se es amo hay que mandar y si se es esclavo hay que obedecer.
Pero en la lucidez la cosa está dada vuelta porque no existe el poder ni la fortaleza. En la lucidez sólo existe, en mayor o menor grado, la debilidad. Y no es el amo quien hace al esclavo, sino el esclavo quien permite que otro esclavo se vuelva su amo. No es el fuerte quien domina al débil, sino el débil quien permite a otro débil ponerle el pie en la cabeza. En la realidad interna mental está claro que el poder es una ilusión, está claro que si el poderoso desaparece el débil queda, pero, si el débil desaparece ¿quién y de quien sería el amo? En la lucidez no existe la fantasía de superioridad.

EL REVERSO DEL AMOR Y EL SEXO 
Un paisaje lúcido especial es, el reverso interior del amor y lo sexual. En el mundo externo parece consabido que el amor vale más que la sexualidad. Que sexo hay dondequiera y el amor no es para  cualquiera.  Que si uno de los dos, en una caja fuerte hubiera que resguardar, nadie dudaría en elegir el amor por su mayor valor. Y lo interesante en este caso es que en el mundo de los reveses mentales, en la realidad absoluta interna es exactamente así, el amor es el valor por excelencia mientras que el sexo sólo es deseo de saciar una carencia.
Entonces, ustedes se preguntarán ¿acaso en este caso, la lucidez interna al revés no está?
Pues resulta que sí lo está, porque en el mundo externo las creencias humanas suelen decir una cosa y hacer otra. Si bien en la cotidianidad dícese que el amor se lo considera más que al sexo, mujeres y hombres que pavonean su portento sexual, con labios, nalgas, pechos, bíceps y tríceps inflados a reventar, lloran a moco tendido por no ser correspondidos al amar «¿Por qué me dejó, si tanto me esmero en su deseo saciar?». Se preguntan convencidos de que la vida le ha sido injusta, y las lágrimas le impiden ver la cruda realidad de que vendiendo sexo, amor no le van a comprar.
Y es aquí donde las cosas se ponen al revés. Porque a pesar de que el imaginario colectivo jura valorar más el afecto que el sexo, la mayoría espera de lo sexual una retribución fenomenal, como si con buen sexo el amor se diera por descontado, como si fuera un asunto de mesoneros, que después de servir una buena comida, dan por garantizada la propina. En la realidad del revés mental está claro que amarse no es una propina por acostarse.

REVESES Y MÁS REVESES / NO TE CREAS TODO LO QUE CREES
En fin, al recorrer los caminos del mundo interno mental, los caminos de la cruda lucidez, son muchos los parajes desgarradores que muestran la realidad al revés de como nuestros ojos la ven. Un ejemplo es el amor familiar que en el mundo externo es visto como algo incondicional; pero en la realidad interna mental, como cualquier otro amor es un derecho y debe ganarse igual.
O la felicidad, que en el mundo externo es vista como una meta que hay que alcanzar por ser el sentido de la vida. Mientras que en la lucidez mental es un punto de partida para tener ganas de alcanzar metas aunque la vida no tenga sentido.
En la realidad externa todos tratan de valer más que alguien más. En la lucidez del revés mental el verdadero «valor» tanto de «valía» como de «valentía» es el valor de reconocer que no valemos gran cosa. Y es el desasosiego consecuente a esa conciencia lo que nos impulsa a tratar de cambiar la realidad y nuestros intentos por lograrlo han creado lo que llamamos «humanidad».

PARAFRASEANDO REVESES
Y qué decir de las frases fáciles. «Hay que vivir cada día como si fuera el último», dice una. En el mundo de afuera esta frase tendrá algún significado romántico, y quien la dice tal vez imagine que en las 24 horas antes de morir se dedicará a mirar el amanecer hasta el atardecer, el color de las flores, las abejas y cosas por el estilo. Pero aquí adentro está claro que la muerte no tiene nada de romántico, que el final asusta, que vivir como si fuera el último día sería una tortura, desesperante, atroz. En la lucidez mental está claro que el último día no se lo puede dedicar a amar a los demás, porque antes del final sólo existe el egoísmo del dolor y el miedo, nadie quiere pensar en los otros cuando le duele una muela, menos todavía cuando sabe que no le dolerá nunca más. No se puede amar a quien se queda cuando uno se va en contra de su voluntad.
Y son muchas las frases que se materializan entre los escenarios baratos del teatro burlesco de afuera, como las de los conformistas que sentencian «más vale pájaro en mano que cien volando», frase que afuera consuela al amilanado, pero que en la mente lúcida está al revés y define la resignación del fracasado. Y así la realidad externa se mantiene a fuerza de frases de pacotilla «más vale malo conocido que bueno por conocer», o «la felicidad es una actitud», o «no hay mal que por bien no venga», sentencias todas altisonantes y erguidas, que ante la lucidez, quedan patas arriba. En definitiva, en la lucidez las palabras tienen un significado propio cada vez. En el mundo de afuera, las palabras significan lo que cada quien quiera.

EL PROPIO REVÉS
Pero el paisaje más lúcido y terrorífico del mundo mental al revés es aquel en el que reconocemos nuestras huellas. El terreno de lo propio, la propia trayectoria, la significación de uno mismo.
El mío, está lleno de letras, letras que componen palabras, palabras que intentan frases, y todo ello al revés, ilegible, a menos que se use un espejo; pero en el mundo al revés no hay espejos. Aun así, sin poder leer mi propio escrito, sin diccionario que me ayude a descifrarlo, puedo intuir el revés de mi mensaje vital: «si en el mundo de afuera escribes sobre tu vida, en el mundo de adentro tu vida es lo que escribes».
En el mundo del revés interno se es consciente que no existen historias para escribir. Al contrario, se sabe a cabalidad que las historias sólo existen después de ser escritas. En los vericuetos patas arriba del cerebro está claro que lo que llaman «destino» allí afuera, son las frases que logremos escribir aquí adentro.


viernes, 19 de mayo de 2017

Consulta Fattorello en Venezuela. La maldición del Dabucurí.

Desde hace días el cielo de Venezuela está encapotado. Nubes negras entre un aguacero y otro. La tierra se llena de barro y sangre. La sangre es joven. Sangre de manifestantes hartos de que le roben el futuro. Mientras tanto nos enteramos que a los indígenas no le va al comunismo. Ayer 17 de mayo de 2017 las etnias amazónicas de Venezuela marcharon contra el gobierno. Era de esperarse. El comunismo es una receta para el proletariado. El proletariado es una consecuencia de la burguesía. Los indígenas nunca han sido burgueses, en consecuencia era lógico que no se comieran la insípida receta comunista. 
«La Gran Marcha de Shamanes» que ayer inició en Puerto Ayacucho en contra de la «oscuridad de la dictadura», da inicio a la Guerra del Dabucurí. 
Nueve días antes, el 9 de mayo, el gobernador del estado Amazonas, Liborio Guarulla, invocando a sus ancestros, lanzó la maldición del Dabucurí al gobierno «Les aseguro que no morirán sin tormento, les aseguro que antes de morir comenzarán a sufrir y su alma vagará por los sitios más oscuros y pestilentes antes de poder cerrar los ojos». Además aseguró que «Así como ellos creen que tienen un poder material, nosotros tenemos un poder espiritual». Espíritu contra represión. Maldiciones contra tanquetas. Cultura ancestral multicolor versus autocracia en tono de grises. Rebelión étnica de la parte del país que no está comprometida ni con el comunismo ni con el Miss Venezuela. Cultura balanceada entre la obsesividad y la histeria. Tambores y maracas versus fusiles y granadas. Toda la historia del continente tratando de reescribirse. El pasado vuelve a regañar al presente. El futuro regresa poco a poco a su lugar de expectativa, del que le sacaron a patadas los comunistas. Los comunistas odian al futuro por libertino y reaccionario. 
A las pocas horas unos sicarios asesinaron al sobrino del gobernador de Amazonas.
Sigue lloviendo en Venezuela. Se esperan inundaciones.




domingo, 7 de mayo de 2017

CONSULTA FATTORELLO EN EL PAÍS DE LA INTROSPECCIÓN. O SOBRE LO QUE SOMOS.

Momias Fattorello

¿QUÉ SOMOS?
Tenemos una naturaleza moral pero también somos asesinos y hemos creado convenciones sociales para que ambas cosas coexistan, y así, inventamos las guerras para asesinar de forma moralmente correcta. Al igual que la masturbación sirve para descargar la energía sexual mientras no alcance su cauce normal, asesinamos en videojuegos para calmar los impulsos criminales circunstancialmente domesticados.

¿QUÉ SOMOS?
Amamos la libertad propia y tememos la libertad del otro. Inventamos la propiedad privada y terminamos siendo pertenencia de nuestras pertenencias. Somos dueños de esto y aquello para remarcar al otro lo que no es suyo. Inventamos países y fronteras para poder descansar de noche sin miedo de amanecer desnudos. Nos tenemos miedo. Por miedo nos consideramos todos humanos pero nos diferenciamos en todo lo que podamos. Etnias, folklores, gustos, ideas, posesiones, moral, dioses, cualquier cosa es buena para marcar diferencia y distancia de salvaguarda.
Momias Fattorello
Confiamos en Dios y nos consideramos hechos a su imagen y semejanza; pero desconfiamos de nuestros semejantes que también son semejantes a Dios. Inventamos la libertad de expresión y culto al tiempo que creamos un código de lo que no se puede creer o decir. Los norteamericanos han disminuido tanto su persecución a los negros que hasta tienen libertad de ser presidentes, pero es muy improbable que le permitan creer que Dios le haya hecho a su imagen y semejanza. A veces pareciera que el ser humano pudiese considerarse como un ser cambiante pero esto está aún por comprobarse. Aceptar que Dios sea negro sería un paso adelante.

¿QUÉ SOMOS?
Le tememos a la locura pero ambicionamos el poder a sabiendas de que el poder enloquece. Para lidiar con estas dos tendencias contradictorias hemos creado la política, una organización que intenta administrar la fascinación por el poder desquiciante. Y hemos inventado la psiquiatría para administrar a los locos sin poder.
Momias Fattorello

¿QUÉ SOMOS?
Inventamos las prohibiciones a sabiendas que aumentan la tentación, y en este punto no se aceptan justificaciones porque el asunto está claro desde que puso en aprietos a Dios, Adán y Eva en el tiempo mítico del árbol del Edén ¿Qué hemos sido siempre?

¿QUÉ SOMOS?
Momias Fattorello
Decimos que amamos para ser amados. En el mejor de los casos amamos para amarnos. Inventamos el altruismo para disfrazar el egoísmo. Somos altruistas porque nos conviene, ayudamos en la esperanza de ser ayudados, y quien opine que no pretende ayuda a cambio o que espera no necesitar ayuda, está confesando una alteración narcisista de tal calibre que le inhibe del derecho mismo de opinar

¿QUÉ SOMOS?
Momias Fattorello
Nos esforzamos para ser públicos y luego reclamamos nuestra privacidad perdida, no habiéndola perdido en absoluto (la privacidad), sino vendida a cambio de publicidad. 
Nos enorgullecemos de haber creado y poseer dos privilegios sobrenaturales: la matemática y el arte. De la primera nos enorgullece su exactitud y del segundo su particular imperfección perfecta por única y por lo tanto incomparable e incuestionable. Ambicionamos la perfección, pero, por no tener claro el concepto, nos resguardamos en el arte errático.

Momias Fattorello¿QUÉ SOMOS?
Le damos importancia a lo que nos hace sentir bien al tiempo que el dolor es la manera por excelencia de darle importancia a algo. Lo que duele nos importa. Lo que disfrutamos también. Todos queremos ser importantes. Somos importantes por sufrientes y por gozadores, pero ¿qué es más importante? ¿Es importante lo que somos? ¿Somos importancia?

¿QUÉ SOMOS?
Luego está lo que empezamos sin que tenga valor empezarlo, ni continuarlo, sino terminarlo. Dejarlo de hacer. Trabajamos duro y mucho para que algún día no tengamos que hacerlo más. Vamos aprisa con la ilusión de poder ir despacio alguna vez. Nos cansamos para poder descansar. Vamos a conocer la Torre Eiffel para dejar de desear ir, para decir con alivio ¡ya la conocí!, para que nos deje de joder y poder dejar de pensar en ella de una vez por todas. Nos sacamos una selfie con el glaciar Perito Moreno a las espaldas para restarle importancia “ya lo conocí, ahora puede desaparecer”. De muchachos ansiamos las vacaciones de fin de curso, y al mes, extrañamos el colegio en el que fantaseábamos dichas vacaciones.
Momias Fattorello
Luego, más viejos, trabajamos toda la semana para descansar el fin de semana y recuperar fuerzas para seguir trabajando la semana siguiente, y esto se ha repetido tantas veces que ya no sabemos cuál de las dos cosas desempeñamos para lograr la que queremos.
En invierno nos quejamos del frio y en verano del calor, en el otoño de la lluvia y en primavera del polen, todo esto muy normal por natural, pero la cuestión es ¿hay algo de lo que no podamos quejarnos? Pareciera que no. Tenemos la particularidad de ser suicidas. Al poder quejarnos de la vida misma ni siquiera podemos decir que somos seres que quieren vivir.

SOMOS...
Parece que nunca sabremos lo que somos, porque queremos ser tantas cosas que no nos limitamos ni siquiera de las contradictorias. Tal vez el problema sea que la pregunta es muy general y, por ello, al final, habría que responderla desde la misma generalidad: somos inconformes.

Momias Fattorello

domingo, 9 de abril de 2017

CONSULTA FATTORELLO EN EL PLANETA-ESCUELA. (O EDUCAR PARA QUE NO NOS MATEN).


PETULANCIA DEL GENIO DE MAMI
Mario Fattorello © 2017
—¿Piensas resolver el problema?—. Le pregunta un hombre a un joven.
—Nop —responde el joven—, ¡me resbala!
—Pero es una oportunidad para demostrar quién eres!— Insiste el hombre.
—No me interesa—. Responde el joven.
—Sé que tú lo resolverías si quisieras —insiste el hombre—y así demostrarías tu inteligencia—. Termina de decir el hombre con acento de último recurso.
A lo que el joven responde en tono de fastidio.
—No me interesa demostrar nada, sé que soy inteligente, mi mamá siempre me lo dice.

¿Criar hijos diciéndoles que son los genios de mamá y papá? ¡Vamos!, además de las lógicas consecuencias, ¡eso es un Corín Tellado sobre la pobre autoestima de los padres! Debería estar prohibido sólo por el mal gusto. Creo que nadie estará en desacuerdo con que la humanidad no necesita gente que se «crea» genio sino que lo «sea». Y la inteligencia se desarrolla ante la necesidad, si se cree que no la necesitamos se duerme y, más temprano que tarde, entra en coma (a la inteligencia comatosa se le llama: idiotez).
EDUCACIÓN VERSUS PEREZA

Mario Fattorello © 2017
Por ley del menor esfuerzo, por ahorro de energía, todos tendemos a la pereza que además, hay que reconocerlo, es cómoda. Aclaremos que descansar cómodamente no implica perecear. Merecida es la siesta del justo, así como el descanso del domingo (copiado de Dios, pero claro, después de crear al mundo entero). Merecido es el descanso como recompensa. Mientras que el perezoso es quien descansa a cuestas del esfuerzo ajeno. El que descansa en una hamaca y tira la lata de coca cola al piso «porque alguien más la recogerá», eso es perecear.
La pereza es una negación de la voluntad y, por ende, del aprendizaje, porque nada se le puede enseñar a quien no tiene voluntad de aprender, en consecuencia la «voluntad de vencer la pereza» es el acto inicial del proceso educativo. Claro está que son muy variadas las razones por las que se puede tener voluntad de aprender, por ejemplo, en los niños, por miedo a la reprimenda o al castigo. Los niños aceptan aprender principalmente por miedo, de ninguna otra manera dejarían la pelota de futbol de lado para repetir las aburridas tablas de multiplicar. Es función de los padres garantizar que el niño se eduque porque si no lo educan bien, alguien lo educará mal y podrían aprender, por dar un ejemplo extremo, el parricidio. Es lógico que de buenas a primeras un niño no acepte leyes que le limitan y por ello existe el castigo para incrementar el respeto. Por favor, absténganse de opinar quienes se impresionen con el término «castigo». Quienes piensen que «el castigo es abominable» simplemente pasan por alto que todo lo que de abominable hay en el ser humano proviene de quien no teme el castigo, llámense psicópatas, delincuentes o políticos con inmunidad parlamentaria. No existe ley que no castigue su incumplimiento.
Pero «aprender por miedo» es cosa de niños, luego, con los años, se puede querer aprender. Ya no por miedo, sino por deseo. Por entender que el mundo está dividido en los que temen y los que meten miedo, en alumnos y maestros, en quienes aprenden y quienes enseñan. En ese momento de concienciación, el aprendizaje se vuelve una puerta de salida del miedo y de entrada al estatus de maestro (que mete miedo). Quienes enseñan lo hacen para dejar claro de qué lado están. Piénselo, es casi imposible imaginar que aprendamos algo nuevo sin sentir el deseo de contar la novedad a otros. Cuando una mujer se entera que una de las compañeras del Gym es engañada por el esposo ¿quién se atreve a apostar que guardará en secreto la novedad? En todo caso, las apuestas girarán alrededor de cuántos minutos o segundos tardará en propagar la noticia. Nadie escapa del deseo de aprender para enseñar.


EDUCACIÓN DE REGLAS SIMPLES PERO DELICADAS

Mario Fattorello © 2017En educación las reglas del juego son simples. La ilustración más básica y visceral de este proceso es la academia militar. Los soldados soportan a regañadientes las imposiciones de sus superiores soñando con la promoción que les dará la oportunidad de hacer lo mismo con sus inferiores.
Sin embargo, la cantidad de delincuentes provenientes de la escuela militar deja en evidencia lo delicada que es la fórmula de la educación, un pequeño desvío en el proceso marca una gran diferencia en el resultado, si todo sale bien tendremos un ser civilizado, si algo falla crearemos un resentido social. A nivel del espíritu, estas dos categorías se diferencian en que el primero (el civilizado) va a pretender una «revancha», o sea, una oportunidad para demostrar lo que puede saber, hacer o ser. Mientras que el «resentido» deseará una «venganza», o sea, degustar el morboso placer de usar lo aprendido para dañar a los demás.


LAS INSTRUCCIONES

Se entiende por instrucciones las partes de un manual de uso ¿Cuáles serían las instrucciones de un manual de vida? Supongo que «vivir y dejar vivir» debiera estar entre las primeras; pero esta simple instrucción será pasada por alto si la ignorancia llega hasta el punto de no saberse vivo y desconocer por completo la existencia de manuales.
Que nuestro vecino siga la simple instrucción de cómo se cierra la llave de paso del gas de la cocina influye en nuestras probabilidades de morir en una explosión. Las explosiones no saben de paredes divisorias entre lo propio y lo ajeno. La educación nos protege de ellas. La ignorancia nos pone en peligro. La principal función de los profesores es: menguar la amenaza. Y si lo tuyo influye en mí, bien vale que me interese en lo que haces para prevenir lo que me pase. Si no educamos a nuestro favor, alguien lo hará en nuestra contra. Es cosa de supervivencia, la ignorancia que dejemos libre será nuestra espada de Damocles. Lo que no eduquemos se nos volverá en contra.


LA EDUCACIÓN MONOTEMÁTICA

Mario Fattorello © 2017
Si la ignorancia es un peligro, el aprendizaje monotemático es un cataclismo. Una de las monomanías educativas más comunes proviene de esos maestros que por ser timadores son timoratos y tiemblan ante la posibilidad de que sus enseñanzas sean sopesadas con otras, estos son los que enseñan dogmas, siendo el más peligroso de todos el que promueve una enseñanza única «es palabra de Dios, no se admite discusión» o «todo está en este libro, no se dejen tentar por la blasfemia». Proponer que para entender un libro hay que evitar leer todos los demás es un dogma cuya absurdidad es tan grande como su absurda popularidad. Y se entiende que sea popular ante la pandemia de pereza. Una Biblia abierta en el living de la casa es una bendición para las familias que practican la pereza de leer, bendición que (creen) les protege de la incultura: «en nuestra casa siempre tenemos un libro abierto».
Pero sería una ligereza atribuirle la exclusividad de la monomanía educativa a los fervores religiosos, la enseñanza unidireccional crece como hongo en todos los pensamientos autocráticos que no admiten discusión: el comunismo, el moralismo, el puritanismo y demás ventas de baratijas marca «…ISMO».


DERECHO DE AUTOR SOBRE UNO MISMO

Teniendo en cuenta que la educación es tan delicada que un leve cambio de viento puede aberrarla formando monstruos, y a sabiendas de lo tentador que puede ser para un maestro enseñar a su egoísta conveniencia; la educación no debiera ser un punto de llegada, sino de partida. La educación debiera ser el instructivo básico para que cada quien termine siendo su propio maestro y alumno. Aprender a discernir los propios intereses en la lectura para poder elegir los libros de la propia biblioteca. Aprender a reconocer cuánto necesitamos de los otros para llegar a ser autodidactas en la ayuda a los demás. Aprender el método científico para luego poder crear nuestra propia alquimia educativa y colocarla junto a las demás columnas de la humanidad, a saber: la empatía, la alegría, el amor, la solidaridad. Aprender los números para dedicarnos, en las noches oscuras, a medir nuestra cercanía con las estrellas. Aprender el nombre de las cosas para darle otros distintos a nuestras invenciones. Aprender a ser sinceros para tener siempre presente que no somos inmortales, única manera de respetar el tiempo del mundo. Y, sobre todo, aprender el respeto por las leyes, para luego, comprender que la justicia no es un edificio de concreto, sino una delicada barraca que intenta mantenerse en pie, y que, cada quien a su manera, tiene el deber de apuntalarla con la propia conciencia como contrafuerte. La educación debiera ser el punto de partida del camino hacia tener vida propia, a ser una novedad, a lograr tener derecho de autor sobre uno mismo.
Sin embargo, esto que es tan fácil decirlo se hace difícil lograrlo, y pareciera que la principal dificultad radica en los maestros que con su comportamiento enseñan lo contrario. De menor a mayor trascendencia están primero las tradiciones familiares que se repiten por generaciones, por ser más fácil la repetición que la novedad. Luego están los políticos que al alcanzar el grado de mandamás ya no saben qué hacer con su vida salvo el hecho de mantenerse donde están, obligando a sus súbditos a calarse la repetición de los dogmas necesarios para ellos quedarse en el poder. Y por último pero en el lugar de mayor importancia está el maestro Dios, un padre que pretende que sus enseñanzas se repitan todos los días sin novedad alguna, y todo esto por razones desconocidas que no le da la gana aclarar.


LA ENSEÑANZA DE LA IGNORANCIA

Hemos visto que la «siembra educativa» depende del «campesino maestro», del «terreno aprendiz», de la «semilla del conocimiento», y del «temperamento atmosférico» que determinará la «cosecha educativa». Los delicados buenos frutos de la educación son múltiplemente condicionados. Salvando la distancia con el misticismo, pudiéramos decir que son milagros. Conocemos la mayoría de las leyes de la educación, pero aun así, son tantas que es imposible tenerlas todas en cuenta, por ello el destino de la educación parece azaroso. El azar se encuentra en las antípodas de la ley. Es concluyente que cada elemento enseñado debe conllevar sus reglas de uso. En fin, la educación aparece dividida en dos grandes categorías, la enseñanza de los conocimientos y experiencias por un lado, y la enseñanza de las leyes por otro. La primera se enseña por enseñanza aprendizaje y ensayo error; y la segunda por premio y castigo. Y llegados a este punto parece estar claro que el arte educativo esgrime su nivel más sublime cuando logra que ambas enseñanzas vayan de la mano.
Por ello, hasta que no se encuentre una educación más precisa y efectiva, corresponderá a la jurisprudencia reparar los daños provenientes de los traspiés educativos.

Y aquí surge la advertencia más importante: que la ley cumpla con su carácter universal, e interceda por igual en el caso de educadores, educandos y autodidactas. Hoy en día la ignorancia pura y llana por herencia no existe, es enseñada. Y los gobiernos que utilizan la enseñanza de la ignorancia como estrategia para controlar al pueblo deben ser castigados. Quien tenga ojos (venezolanos) que vea (y se sienta aludido).

jueves, 5 de enero de 2017

Consulta Fattorello en el Multiverso. Sobre la Educación Perdida.

Mario Fattorello
LAS MAESTRAS HISTÉRICAS
En la vida se aprende de muchas maneras y siempre se aprende algo aun sin darnos cuenta. De mi madre aprendí que la directora del colegio nos gritaba desde la altura de sus tacones altos y con su mirada inquisidora detrás de sus lentes puntiagudos, porque era «una maestra italiana muy exigente». Luego, mucho antes de leer a Freud, descubrí que la directora del colegio nos gritaba porque era una solterona histérica. Y hace poco tiempo me convencieron, aunque me costó creerlo, de que no todas las maestras de escuela gritan, ni son histéricas.

UN MONTÓN DE TIEMPO PERDIDO
Fui educado para ser lo que nunca tuve que ser.  Las cosas han cambiado radicalmente desde que iba a la escuela. Mis maestros, profesores y padres murieron y no tengo noticias de que hayan recibido algún trato especial en el más allá por comportarse de la forma que ellos creyeron correcta y que, por supuesto, me enseñaron. Casi no los visito en el cementerio. De niño me prohibían ver películas de terror cuyas escenas solían representarse en lúgubres cementerios, supongo que entenderán (mis padres) que después de haber disfrutado enormemente viendo películas de terror a escondidas y temblando por las sombras que emergían de las lápidas y los mausoleos tanto como por el miedo a ser descubierto trasnochado frente a la tele por ellos (mis padres), supongo, repito, que entenderán (mis padres) que no le encuentre mucho sentido a visitar tumbas en el cementerio.

INFORME SOBRE CIEGOS
Fui criado en un mundo en el que la masturbación era el origen de los ciegos. Nunca le confesé a mis padres ni a nadie antes de hoy, el pánico que sentía cuando veía un ciego con su bastoncillo blanco en la calle. En primer lugar le tenía miedo por pensar que el hombre era tan perverso que podía ser peligroso y de última me daba pánico pensar que por algún motivo desconocido, el destino todavía no se había cobrado mi visión. Es horrible ser un criminal prófugo de la ley, siempre a la espera de ser pillado.

APRENDER A MATAR GENTE
Crecí en un mundo con muy pocas películas de TV y la mayoría eran de guerra. Me enseñaron que la guerra era romántica porque mis padres estuvieron en la guerra. He sacado cuentas que me hacen sospechar que mi padre fue un desertor, claro está que de eso jamás se habló en casa, pero tal vez sean imaginerías mías, simplemente hoy me sentiría más orgulloso de ser hijo de un desertor que de un soldado matagente, insisto, ¡cuánta educación perdida!

LA ENSEÑANZA DE LA ETERNIDAD
Me enseñaron a que las cosas mientras más tiempo duraban eran mejores como cierto tipo de ollas de cocina que mi madre nunca tuvo y que la gente decía que eran eternas, tanta educación sobre la eternidad de las cosas para luego enterarme que la existencia de la humanidad depende de la obsolescencia.

EL TABÚ DEL APRENDIZAJE
En mi educación, la homosexualidad era un mito, y yo particularmente lo creía un mito griego, con lo cual el asunto pasaba de ser una vergüenza social inocente a ser una rareza histórica. Cuando niño jamás vi nada extraño entre Batman y Robín, además ¡De los superhéroes nunca se sospecha nada! Muchos amigos se han reído de mí cuando les cuento que aun habiendo presenciado durante mi adolescencia un concierto de los Queens, hasta mis 20 años ni siquiera tuve la suspicacia de sospechar que Freddy Mercury fuera gay. En mi primera educación los gais no existían. Yo no era homofóbico porque no podía tener miedo a un mito griego. Pero, y aquí viene la incongruencia educativa, yo creía que los secretos debían reservarse para cosas realmente importantes, y nunca terminé de entender por qué se escondía así a la homosexualidad, siendo simplemente una diversidad más del mundo. Para entender este tipo de educación es preciso tener en cuenta que mis padres hablaban de los ángeles de forma concreta y real mientras que en relación a la homosexualidad eran agnósticos. La verdad es que entonces comencé a pensar mucho en los absurdos como eso de que fuera delito que dos hombres se amaran pero no era delito que muchos hombres se odiaran y se mataran en las guerras. Pero mis padres habían vivido la guerra y lo peor es que los italianos, a pesar de ser reincidentes perdedores de guerras, se sienten orgullosos de ellas, por lo que me estaba prohibido hablar de pacifismo y así terminé aceptando que las guerras eran una «romántica licencia para matar» como la de James Bond.
Mario Fattorello

PROFESORES CURAS
Es rocambolesco estudiar en un colegio de curas. A las ocho de la mañana te enseñan el método científico y a las 10  tienes clases de catecismo. En la misma aula donde te explican la tabla periódica te aseguran la existencia de la consubstanciación a través de la cual se resuelve el asunto de que Dios, Cristo y el Espíritu santo son lo mismo ¡Qué claridad de pensamiento! No recuerdo que alguna vez algún profesor nos haya preguntado «¿Alguien está confundido?».
Seguramente la educación tenga sus momentos graciosos, yo me los debo haber olvidado.

EDUCACIÓN SEXUAL
Pero ahora suavicemos este discurso con algo más ligero. Lo más fácil es aprender sobre sexo, porque uno ya nace sabido, bueno, por lo menos yo. Cuando mi primera «chica de cerca» me preguntó si ya lo había hecho, yo respondí «Uff, estoy cansado de hacerlo», y bueno, al final no se quejó de nada, así que supongo que en realidad lo sabía hacer por naturaleza. En la vida también se aprende que no toda mentira es mentira. Pero más tarde que temprano, para mí, se aprende que no toda verdad es cierta.

EDUCACIÓN PARA LA PERDICIÓN
El título de este escrito es «La educación perdida», queriendo literalmente referirme a la educación que se perdió, que desapareció, que donde estuvo ya no está. El título no pretende ser una queja, como si de haber perdido algo valioso se tratara, pero tampoco es una recriminación, como sugiriendo que hubiere sido mejor no haberla tenido. Aquí no se trata de si fue una buena o mala educación, sólo se trata de su «perdición» ¿Me explico?

LA VERDADERA DIVERSIDAD
Una educación que hubiera querido que nunca se perdiera, es la educación callejera que promovía la diversidad (y esto a pesar de la gran censura de la época). Durante la infancia y bien entrado en la adolescencia cada persona, para mí, era un fenómeno. En el colegio había un cura que no usaba interiores y se acomodaba todo el asunto de lado, llegándole a diez centímetros de la rodilla, le llamaban “Padre manduco”, la cosa era obscena, pero también graciosa y hasta emblemática. Pero lo trascendente es que el cura, a sabiendas de su sobrenombre y supongo que orgulloso del mismo, nunca usaría interiores, ni trataría de disimular el asunto, al contrario, creo que todos pensábamos que lo exageraba. En el mismo colegio había una chica que en clase de deportes usaba unos jeans recortados como super-hot-pants y luego se sentaba en el pasillo en la posición del loto. Sentarme frente a ella fue mi mejor lección de puericultura, pero extrañamente, algunos la tildaban de «puta», para mí era la chica más bella del mundo. Recuerdo un señor que, supongo, habría trabajado mucho bajo el sol porque tenía miles de arrugas en las manos, el cuello y la cara; el señor se llamaba Mario como yo. Era el hombre más alto que yo jamás haya visto, para mí el hombre más alto del mundo. Un fenómeno. Yo pensaba que cuando fuera mayor quería tener tantas arrugas como él ¡Qué valores aquellos! Mujeres barbudas, hombres topo, rusos comegente, anarquistas, carniceros mancos que habían perdido la mano en la moledora de carne, el mundo estaba lleno de diversidades y cada una de ellas tenía su valor por original. Entiéndanme, con una educación así no puede sino resultarme aburrido el actual mundo donde todos tratan de semejarse y en el que los diferentes son execrados hasta obligarlos a ocultarse.
Y así continúa la lista de educaciones perdidas por desuso. Me enseñaron a socializar y ahora vivo en un mundo superpoblado donde estar solo es casi imposible. Por otro lado, un lobo estepario era símbolo de sabiduría y originalidad y ahora es considerado sospechoso de subversivo radical o un desadaptado.
Me enseñaron a ser reservado y ahora hasta Jesucristo tiene Instagram.

Y SEGUIREMOS PERDIÉNDONOS
Y una de las enseñanzas que tuve que perder a voluntad fue la de que los jóvenes debían imitar a los mayores, puesto que ahora son los mayores los que se disfrazan de jóvenes. Sí, antes se hablaba de respetar a los viejos, ahora sólo se aprecia a la juventud y todos los demás son pobres que no pueden pagarse la cirugía plástica. Supongo que en este asunto influenciaron mucho los cómics, los superhéroes de las historietas que, como todos fuimos viendo, nunca envejecieron.
Mario Fattorello
Y ahora estoy aquí, escribiendo este escrito demasiado largo que muy pocos leerán porque los argumentos de más de 140 caracteres están fuera moda. Me pregunto ¿De qué me vale hoy poder recitar de memoria la Divina Comedia?

jueves, 8 de septiembre de 2016

Consulta Fattorello en Venezuela, sobre la Brujería o cómo ser médico brujo en tres lecciones.

Mario Fattorello portada Cortometraje Médico Brujo en 3 lecciones
Porque de que NO vuelan, NO vuelan.
PRIMERA LECCIÓN: LA ADIVINACIÓN.

El médico brujo trabaja con la desesperación de quien lo busca como última esperanza, y esto es lo que en la primera lección debe quedar como enseñanza.
El cliente busca un secreto que lo saque del aprieto, y el que nos considere misterioso satisface su interés curioso.
Pero el miedo salta donde menos se espera como la liebre, y sólo la confianza puede evitar el quiebre, así que nunca estarán de más un abrazo de brujo amigazo, una palmada aquí y otra allá, un “no se preocupe, ya le vamos a aliviar”, o “lo único que no se remedia es la muerte, y hasta para ello tenemos una pócima bien fuerte”.
De entrada el médico brujo debe atinar, la dolencia que el paciente quiere aliviar, y, para que sus palabras sean creídas por el cliente, ganarse la confianza será lo más urgente.
Como la importancia de lo adivinado suele depender del esfuerzo empeñado, el afectado debe sentir que su alma y cuerpo hoja por hoja son estudiados, como si de un libro se hubiera tratado. En consecuencia es conveniente que el curandero, parezca concentrado en explorar con esmero.
Y aquí comienzan las peculiaridades que al médico brujo le dispensan mil bondades. Hacer cosas raras y originales, le valen la fama de curar donde fallan los demás profesionales.  La dignidad de este arte se marca en la diferencia, asistiendo cada pormenor con vehemencia. Nuestra medicina es la única que usa la sobreactuación como coeficiente de curación.
Del médico brujo no se espera que revise los ojos con un foco, él encandila la pupila llenándola de estrellas que titilan.
Examina la orina comparándola con otras botellitas que tiene en la vitrina, donde otros se apoyan en alguna maquinaria científica, él saca a relucir su responsabilidad metafísica.
A las orejas con delicadeza y a los oídos con sigilo va a revisar, asegurándose de que el paciente oiga un mensaje que jamás pueda olvidar. 
El buen médico brujo se concentrará en el aliento, que es la voz del alma a la que está atento, cual Ulises de la Odisea, con el canto de sirenas al viento, se regodea.

Es natural que de tanto bregar, algo salga mal. Que lo imprevisto y lo infinito sean lo mismo, no es casual. Por ello siempre hay que tener bajo la manga un instrumento para salir de un mal momento, excusas cliché como “ya era demasiado tarde” suele ser un comodín, en el peor de los momentos, cuando el paciente llega precozmente (y sin nuestro consentimiento) a su fin.
Pero, lo que nunca debe faltar es el número de una ambulancia, y el de un amigo en la comandancia, a los que pagamos fianza por si la cosa se sale de control ya sea por enfermedad o por mal humor.
La duración del proceso de revisión será fijada por la charla del enfermo que ante el tejemaneje del reconocimiento, no se resistirá a comentar su padecimiento, y así el sabio brujo obtendrá de la confesión, lo que el paciente creerá resultante de la inspección.
Es muy conveniente, aunque no obligatorio, someter al paciente al influjo de algún extraño aparato de laboratorio.
La elección del aparataje dependerá de lo que encuentre en el cajón del garaje. Un voltímetro que mida la continuidad energética entre la punta de la nariz y la oreja, o una batería con cables y electrodos para aplicar descargas entre rodillas y codos, procesos éstos altamente recomendables por crear en el paciente la impresión de haber sido “tocado”, por la ciencia de un iluminado, además de romper… el tedio por tanto examen.
Mario Fattorello

Brujo que se respete sabe aprovechar, el momento apropiado para el diagnóstico adivinar. No creo necesario explicar, que el padecimiento escogido, mientras más sea frecuente, más será congruente.
Si el estrés como diagnóstico escogen, es imposible que se equivoquen, porque es lo que dicen padecer quienes el origen de sus males desconocen. Además de exhibirse como innovadores con ingenio, por estar el estrés de moda en este nuevo milenio.
Así que el médico brujo escogerá de su lista de enfermedades frecuentes, la primera que le venga a la mente, que de seguro surgió por asociación, con lo que el paciente dijo en su lamentación.
Pero, como lo bueno se hace esperar, para que el paciente con buena disposición la enfermedad pueda enfrentar, bastará con mencionar que pulmones y corazón no pudieran estar en mejor condición, antes de decirle que la próstata será su perdición, el éxito de esta astucia está tan confirmado como la conveniencia de dar un regalo antes de pedir prestado.
Y así, de pronto, el curandero, dictará: «el examen concluyó que una crisis de pánico usted sufrió». A lo que un cliente convencional responderá: «Sí, sí, es cierto, yo lo viví, una crisis de pánico padecí».

Pero, si el paciente llegara a ser uno de esos sujetos incrédulos y desconfiados, que pensándolo todo tres veces se quedan callados moviendo la cabeza hacia los costados, le aplicaremos un poco de su propia medicina, negando su negación como si fuéramos un espejo de cuentos de hadas que vaticina. Y, de pronto, le apuntaremos con una mirada de comunista extremista, acusándolo de absurdo pesimista, hasta que le escuchemos decir: «Sí, sí, es cierto, yo lo viví, una crisis de pánico padecí». Los pacientes modernos no toleran de pesimismo ser acusados, en un mundo donde el optimismo está de moda combinado con bluyines apretados.

Siempre habrá pacientes tercos y con ganas de joder, pero la esencia de la medicina bruja es no dar el brazo a torcer, si la montaña no va a Mahoma, el Brujo va a la montaña, así que, con los pacientes que llevan Ray-Ban oscuros, para impedir que los iluminemos con nuestros conjuros, el curandero que no se da por vencido volteará hacia las vitrinas de medicinas muy decidido y, sin su rabia dejar ver, al terco le hará saber, que una cosa es importante hasta que haya otra más relevante «y lo que importa son sus amebas, amebas invisibles, del tipo que ni aparecen, en los exámenes de heces. Supongo que muchos gases habrá notado, porque si no los dejara salir, habría reventado».

Con esta vuelta de tuerca el paciente no tendrá más remedio que la adivinación aceptar, porque ha sido diagnosticado con una enfermedad que ni Superman con su vista de rayos X podría refutar.
Después de tal clarividencia, el médico brujo será ungido por los óleos de la sapiencia, y el enfermo sentirá recompensada su paciencia.

Aquí vale remarcar que de esta adivinación hay tantas variantes como practicantes.
Lo anterior vale para los brujos homeópatas, que dominan el mundo de las heces y las amebas psicópatas. Pero el brujo caribeño puede usar tabacos, huesos y conchas para diagnosticar espectros y ronchas, y el que impone manos hacer lo pertinente, con previo y post lavado con detergente, o el curandero de cristalería usar cuarzos para encontrar chacras que han perdido la alegría, el gitano leerá los males de la mano en sus canales, una bola de cristal pueden usar los médicos clarividentes para diagnosticar ánimas penitentes, en fin, cada brujo con su tema, es, de esta escuela el lema.


SEGUNDA LECCIÓN: UN TRATAMIENTO TAN MISTERIOSO COMO COSTOSO.

Es esencial para el curandero que dinero quiera ganar, que con el pago por la consulta no se pueda conformar, por ende, después del diagnóstico algo adicional deberá cobrar, y, para ello, un tratamiento allí mismo tendrá que administrar.
Por lo menos 21 inyecciones subcutáneas de una medicina secreta, aplicará en la panza, las nalgas o en cualquier lugar que competa.
Si el paciente insiste en saber sobre el remedio, el curandero como revelando un misterio, su extraño origen develará, «elixir de raíces profundas de pino blanco de Grecia» dirá, al paciente que, ya nada más preguntará.
Es trascendental subrayar que la gente confía y llama “natural” a lo corriente, y hasta un beduino sabe lo que es un pino. Los pinos suelen caer simpáticos, y si son blancos de la pureza son emblemáticos, algo que venga de sus raíces no puede ser malo, el pino es tan fuerte, erguido, frondoso, resistente y símbolo de la navidad, los pinos se hacen querer de verdad.
Para que el tratamiento justifique su onerosidad, la obtención del elixir debe implicar un alta dificultad, que a su vez será la causa por la que algo tan beneficioso y costoso no es comercializado por algún laboratorio monstruoso.
Hay que dejarle saber al paciente, que los farmaceutas sueñan con una medicina tan potente, pero por más que andando por Grecia al pino se encontraran de frente, no les pasaría por la mente, sus profundas raíces cavar, para de ellas un elixir sacar.
Debe quedarle claro al cliente, que sólo un médico brujo valiente, que de Indiana Jones haya heredado el influjo vehemente, tiene el coraje suficiente de enfrentar tan recóndita aventura, para dar a sus pacientes ventura.
Y en cuanto al contenido real de las ampollas, el médico pudiera inyectar extracto de alcachofas y cebollas, pero con solución fisiológica y un colorante bastará para que el éxito sea impresionante, resultado éste del que la Coca Cola, es garante.

Claro está que los tratamientos variarán según cada tendencia y dolencia. Una foto del amante del consorte enterrarán a medianoche en el cementerio, los pacientes enfermos por adulterio, mientras que a los pacientes del hechicero cognitivo, lidiar con tarántulas para perder el miedo usarán como recurso curativo, y para el brujo que lee el tabaco en el callejón, no habrá mejor recurso que beberse con él unas botellas de ron.

Pero volviendo a nuestra segunda lección....
Terminémosla con otra recomendación
todo médico brujo ha de saber
que la humildad no es ser pobre, sino ser rico sin dejarlo ver.
Así que para rematar, unas vitaminas al doble de precio, le vamos a recetar,
y, con gusto a cobrar, bajo la firme promesa de que en tres días nos vuelva a visitar.

TERCERA LECCIÓN: RITUAL CURATIVO.

Amén de la terapia aplicada, la consulta siguiente debe ofrecer al paciente, un ritual inflexible que afecte la sensibilidad de su mente. Es necesario que el enfermo sienta una diferencia, que por causa-efecto considerará una mejoría causada por nuestra diligencia.
En este punto el médico brujo se sentará detrás del escritorio, y haciendo gala de su docto repertorio, escribirá una lista de lo que el paciente deberá cambiar, para su tratamiento a buen término llevar.
No comerá harinas ni levaduras, eliminará hierbas flatulentas y en su lugar comerá menta, la carne roja estará vedada junto con la sal, el almíbar y toda cosa azucarada. De aceite y grasa nada probará y todos los días quince zanahorias comerá. Nada de ocio ni vicio pero mucho ejercicio, papilla de berenjena para la cena, y de vez en cuando como premio, una escudilla de pollo a la parrilla, pero hervido previamente en agua de vertiente con un poco de detergente. La lista de lo permitido debe incluir, todo lo que nadie quiere o puede engullir.
La dieta es un ritual certero, que garantiza la satisfacción del paciente y el éxito del curandero.

No creo necesario profundizar en las variantes según la tendencia de cada estudiante, dietas, brebajes o ayuno, ejercicios o sacrificios da lo mismo, mientras altere algo en la rutina del organismo.
De cumplir estos tres pasos, olvidarse pueden de los fracasos.
Y tras citar al paciente para la quincena siguiente, lo pueden despedir sin olvidarse antes su remuneración pedir.

Y en la consulta siguiente…, si el cliente se ejercitó como un atleta, cumpliendo la estricta dieta, se verá mucho más delgado y se sentirá transformado, más ágil y bien humorado, o por lo menos sentirá que algo en él ha cambiado. Entonces el médico brujo podrá jactarse sin miramientos, de las bondades de sus especiales tratamientos.
Pero…, si por el contrario el paciente se quejara de no presentar mejoría alguna, el médico le mirará a los ojos con cara de mala luna, y le acusará de negligente, por no haber seguido a cabalidad el ritual conveniente.
Al enfermo no le quedará más que reconocer que es culpable de su padecer.
El ritual no puede fallar, con tantas prohibiciones, son inevitables las infracciones.
Mario Fattorello

Pero volviendo a nuestro final feliz…
Podemos dar por descontado, que en cualquier caso nuestro éxito está garantizado.  Y ahora con alegría anunciamos a nuestra feligresía, que nuestro postgrado ha terminado, deseándoles éxitos y felicidades a los nuevos profesionales.
Sin embargo, antes de despedirme, a modo de inspiración para la nueva legión, quisiera remarcarles que la medicina bruja siempre ha llenado, los bolsillos de todo el que la ha practicado, porque en cualquiera de sus vertientes, hipnóticas o espirituales, psiconeurolinguísticas o de regresiones ancestrales, en medicinas naturistas o de cristalerías, de imposición de manos o lectura de sus líneas, religiosas o de mago de tarantín de esquina, coaching de vida o lectura de tabacos, adivinación con barajas o imploraciones esotéricas, la conveniencia de esta disciplina es siempre la misma: que el curandero brujo continuamente sale ganando, porque no se basa en la ciencia que todo lo quiere experimentar o en la erudición que siempre busca una nueva y más compleja explicación. La medicina bruja va más allá del saber humano, saciando las pasiones primordiales del hombre desesperado, a saber: su deseo de engañar y la necesidad de ser engañado. Recuerden siempre este aprendizaje rotundo: «La desesperación ha sido y será, el negocio más grande del mundo».





miércoles, 10 de agosto de 2016

Consulta Portátil en la cartografía personal. Sobre Bowie y la inmortalidad.

Mario Fattorello
EL SENTIDO DE LA DEMORA
Este obituario era una cuenta por cobrar, o, tal vez, por pagar, no sé. Lo cierto es que siete meses más tarde saldo la cuenta que tal vez se había traspapelado a propósito para comprobar que Bowie se mantiene y lo escrito sentido tiene. A nadie debe gustar escribir obituarios, pero éste es de un amargo particular…, vivificante. Siete meses después y para siempre, Bowie…

MUERTE Y RESURRECCIÓN DE BOWIE - LÁZARO
Me enteré de la muerte de David Bowie unas 10 horas después de que sucediera. Me afectó. La muerte siempre afecta. Nuestro mundo no es un planeta, nuestro mundo es aquello que hemos conocido, nuestro imaginario personal. Y la muerte es un enemigo al acecho dispuesto a ganar terreno expropiándonos un trozo de él. El valor de cada pieza del mundo personal es tan inestable que es imposible predecir la valía específica que tenga en un momento dado, o sea, hay un principio de incertidumbre de Heisenberg sobre nuestra autoestima.
La muerte ya se apoderó de varias parcelas de mi mundo personal y cada expropiación me ha afectado, no me sorprende que unas duelan más que otras, pero sí que el dolor no sea proporcional a lo que había esperado. Han pasado casi tres años desde la muerte de Lou Reed, y todavía no me la creo. Alguien que dedicó su vida a la poesía extrema, a encarnar los límites, parecía de otra dimensión, uno de esos entes de los que se puede pensar que están más allá de la vulgar muerte, pertenecientes a la inmortalidad de los minerales. Creo que de eso se trata el imaginario personal, la posibilidad de creer que haya algo que pueda ser inmortal.
Al enterarme de la muerte de Bowie sentí que se desprendía un trozo de papel de mi cartografía personal. Un obituario penoso en la bitácora del único viaje. Los iconos funcionan como señales en el mapa que alivian la ruta del navegante. Señales, puntos cardinales, sextantes, herramientas para marear. Y ahora el mapa tenía otra dirección perdida.

Pero, en esta oportunidad, unas horas más tarde, el agujero volvería a llenarse. Como un Lázaro que vuelve de la muerte, cuando en YouTube vi los vídeos que Bowie preparó como epitafio durante los últimos días de lucha contra la enfermedad. Con sus últimas interpretaciones parece haber querido enmendar la desorientación que pudiera haber causado su muerte a todos aquellos que le habían dado un lugar en su mapa personal. A su manera le dio la última vuelta de tuerca a su compromiso con la inmortalidad. Valiente, digno, un verdadero icono con el que se puede contar aún más allá del final. Quiero pensar que hasta para quienes no le conocieron, al ver sus dos últimos vídeos (Lazarus y Blackstar), y conocer el contexto en que los realizó, comprenderán lo que es un verdadero compromiso con el legado. Una vida completa de principio a fin y aún más allá.




viernes, 6 de mayo de 2016

Consulta Portátil en el Condado de Coconino. Sobre la Gata loca o El Amor a Golpes.


Liseth y Mario Fattorello
(Corto animado en homenaje a George Herriman a más de cien años de la creación de Krazy Katz)



LA GATA LOCA
La gata loca, ama a muerte con el amor de una hembra dispuesta a dar todo por el todo, a pesar de todos los ladrillos, que su Ignacio amado le lanza por la testa.
Ya nadie se pregunta por qué la gata loca sigue enamorada del ratón que la desnuca, en el imaginario colectivo es sabido que no ama a pesar de los golpes sino porque no le duele la nuca. La gata loca no es masoquista ni alfarera, no le gustan los golpes ni los ladrillos, simplemente está ciega e Ignacio es su perro lazarillo.  Amor de albañilería, cosas de ratería.
Sin embargo, a riesgo de caer pesado, me propuse reabrir el expediente del caso que para todos esta cerrado ¿Cuál es el secreto del amor a pedradas? ¿Por qué de Ignacio la gata sigue enamorada a pesar de ser maltratada?
Al misterio conviene entrarle por su aspecto más extraordinario, Ignacio es un ratón, animal hacia el que los gatos sienten especial animadversión, y cuya única atracción debiera ser la que siente un comensal hacia un platillo a la provenzal, por lo que, no pudiéramos empezar sin habernos antes preguntado, ¿Cómo puede alguien, de su almuerzo estar enamorado?
Este fenómeno parece indicar que la gata ha dejado de ser minina, que ha perdido su esencia felina, que se ha traspapelado a sí misma para transformarse en otra cosa, ignoramos en quién y muy probablemente lo ignore ella también.
Mario y Liseth Fattorello

LA AUTOMUTILACIÓN
Solamente habiéndose mutilado de todo valor personal, se puede idealizar a alguien o algo hasta lo irracional. La idealización es consecuencia de un bajón de la propia estimación. Al sentir que no se vale nada, la premura por salvar la autoestima desesperada, obliga a buscar pronto algo importante que le cambie el semblante… y a lo primero que se cruce por el camino, como si fuera un tesoro tasará su peso en oro. El amor a primera vista no tiene ciencia, siempre es consecuencia de una carencia. Y a la gata loca se le cruzó en la vía, un ratón de alfarería.
Por cabeza dura la minina se mutiló de su estirpe felina, olvidando su instinto cazador al enamorarse de un roedor, y es este descalabro del amor propio, lo que le hace confundir el hambre con el amor, un retorcijón de estómago con la excitación, una jaqueca post ladrillazo con el fervor y la pasión, a Don Gato con un ratón.
Ignacio versión Don Gato
No menos extraña es la actitud del ratón que aun despreciando a la gata sin dignidad, no puede evitar la tentación de someterla a su voluntad, y de avivarle la esperanza nunca ha dejado, para obtener un valor agregado: una esclava. La gata loca dispuesta está a acatar del ratón todas las órdenes que le da, mientras él la usa como herramienta para alcanzar otros bienes en la cotidianidad. La gata loca de atar presta está a sus medias bordar, su ropa lavar, el mascarpone agitar y la raclette armar además de poner la mesa en su santo lugar, para que luego, cuando ya no le venga bien, el ratón le lance un adobe de arcilla a la sien, al mejor estilo amo -esclavo, del siglo cien.
Gata loca esclava
Y en su actitud de abnegada devota, la gata seguirá vaciándose como una alcancía rota. Al tiempo que, en proporción, ve cómo se aquilata el ratón, que como un banco suizo se levanta ante sus ojos hipnotizados, lavando dinero sucio por ella refregado. Y así la gata, moneda a moneda pierde sus capitales hasta quedar engatusada con su amado banquero roedor que, teniéndola hipotecada, sube de cargo en la Bolsa de Valor, ascendiendo a gerente de aquel amor.
Al final la historia rutina se volverá, el ratón a la gata cada vez más esclavizará, mientras ella le estará agradecida por verlo como un ratón altruista que le presta atención a una gata desprovista. Él seguirá tirándole adobes a la sien, y ella seguirá amándolo a fuerza de acetaminofén , y así continuará hasta que la muerte los separe o, hasta que a él le dé la gana, o, en esta coyuntura, hasta que ella deje de ser… de sí misma una caricatura… Pero…No se entusiasmen demasiado mininas.
Ignacio con autoestima de dominóTambién es cierto que sólo un ratón con la autoestima por el piso mantendría una relación con una especie odiada. Ignacio no parece haber cultivado nada que le haga la vida holgada, anda por ahí como un roedor anodino que termina más veces en la cárcel de las que mereciera cualquier político vecino. Ignacio denota una autoestima de pacotilla y a toda gata que se respete no debe dolerle como astilla que lo que a la gata no hacer se aconseja, vale para el ratón como moraleja.
Otra sería la historia si ambos personajes, antes de buscar pareja, a cultivar valores propios se hubiesen dedicado sin ambages. Así, de seguro, en una relación de intercambio de valores probados, del consorte apropiado, se habrían enamorado…




viernes, 20 de noviembre de 2015

EN VENEZUELA Y EL VATICANO, SOBRE LA APOLOGÍA A LA POBREZA (o sobre el argumentum ad lazarum)


El argumentum ad lazarum es una falacia que propone que la pobreza dota de méritos extraordinarios a los pobres. También es usado para hacer creer que el pobre lo es por falta de malas intenciones. El cristianismo está lleno de estos argumentos.
Para no pecar de rebuscado, utilizaré como ejemplos de argumentum ad lazarum los que pone la Wikipedia

«—Los monjes han hecho votos de pobreza. Seguramente gracias a ello han obtenido una iluminación especial que los hace más sabios.
En una discusión entre empresarios y obreros hay que dar la razón a los obreros porque son más pobres.
Este político se ha bajado el sueldo, por tanto seguro que lo que dice es correcto».

Tomando un atajo, pudiéramos decir que todo «argumentum ad lazarum» se traduce más o menos de la misma manera: «si es pobre, es bueno».
Supongo que esta falacia se sostiene en el imaginario colectivo debido a que se piensa que alguien, por ser pobre, no es una amenaza. Y esto pareciera ser realmente así para aquellos que ostentan el poder, debido a que las herramientas necesarias para amenazar al «PODER» están muy a trasmano para los pobres. Y pareciera ser ésa la principal causa por la que el poder los utiliza (a los pobres) como escapulario ajeno para ganar indulgencia. Al poder por el poder mismo no le interesa otra cosa que cuidar su empoderamiento, y ante esta prerrogativa le resultaría riesgoso asociarse con quien tenga las cualidades necesarias para ser tentado a quitarle el poder. Por ello el poder utiliza a los pobres como justificación, como razón de ser y como soldados que, por su condición, aceptan mantenerse firmes en la intemperie a extramuros del castillo, para defender el trono del poder que ellos no ambicionan por saberse limitados en su condición de pobres. Para el poderoso el pobre es definitivamente conveniente.
En países comunistoides como Venezuela, los poderosos son grandes consumidores de pobres, y utilizan eufemismos altisonantes para contentar a la pobreza, uno de los más rimbombantes es el de nombrar a los pobres como «el soberano», aunque este calificativo es utilizado sólo en discursos de especial esplendor o cuando quienes ostentan el poder amanecen con una excepcional euforia digna de un estreñido que tiene éxito después de una semana de fracasos, para el resto de los días tienen un diccionario entero de eufemismos para el ensalzamiento cotidiano de la pobreza, y entre ellos el más frecuentemente utilizado, casi como la ropa de andar por casa, es el de llamar a los pobres «el pueblo» con un acento retórico que deja entender que sólo es «pueblo» quien ostenta la categoría de «pobre». Y aquí entramos a una de las paradojas del poder: el pobre es admirado por ser pobre, pero a su vez se le manipula ofreciéndole una esperanza de cambiar su condición de pobre, y esta esperanza está basada en la eliminación de los que no son pobres, los cuales por antinomia son denominados «ricos» y satanizados como los culpables de la pobreza. En estas últimas palabras ya vemos otra paradoja: la pobreza es admirable pero son detestables las causas de la misma. Sin embargo estas paradojas sólo deben preocupar al pobre mismo, que al imaginarse un futuro donde ya no sea pobre perdería la admiración de los poderosos y pasaría a formar filas de los detestables «ricos» que a su vez generarían los pobres que pasarían a ocupar el lugar perdido de admiración de los primeros. Sospecho que es muy poco probable que algún pobre no quiera cambiar su condición para seguir ostentando la admiración de los poderosos, pero en asuntos de probabilidades todo es posible. Lo que sí parece claro es que estas paradojas no perturban al poder, a quien le basta con no cumplir con las esperanzas prometidas para que los pobres sigan gozando de su privilegio de ser «pueblo soberano».
Pero resulta aún más interesante que la ilusión de que los pobres no sean peligrosos (ilusión que se desdibuja fácilmente al ver que los barrios de pobreza son los focos de mayor peligrosidad, violencia y delincuencia en la sociedad), contagia en el error al resto de la población, aquellos que sin ser financieramente pobres no ostentan mayor poder y son víctimas de la delincuencia antes mencionada. Supongo que en gran parte este fenómeno provenga de lo conveniente que resulta a todos tener una excusa multiuso a la mano, y para ello no viene nada mal un argumentum ad lazarum guardado bajo la manga para usar como último recurso al ser pillados infraganti y desprevenidos: «Entiéndanme ¡soy pobre!».






El argumentum ad lazarum parece estar arraigado en la cultura venezolana que es gran consumidora del pensamiento mágico y por lo tanto de brujerías, espiritismos, leedores de tabacos, médiums, y una larga serie de privilegiados comunicadores sociales con el más allá, que, sustentan gran parte de su credibilidad en la pobreza en la que viven y ejercen su profesión mesiánica. Brujo que se respete atiende a sus clientes en un rancho de latas con piso de tierra, orinal «detrás de la mata», letrina de campo y aguas servidas que encharcan los alrededores evaporándose en un particular hedor sulfuroso que le pone la guinda al ambiente de pobreza que le otorga credibilidad mágica a las buenas intenciones del curandero espiritual. Según mis cálculos, el 80 por ciento de los venezolanos ha acudido en algún momento a las artes mágicas de estos pordioseros mendicantes de ayudas sobrenaturales. En el imaginario colectivo del venezolano, un brujo rico no es confiable. Los políticos venezolanos son grandes consumidores de brujería, por ello, lo primero que hacen al ascender al poder es rebajarse el sueldo. Y como la brujería está emparentada con la religión (aunque mantengan peleas de familia), es lógico que los poderes mágicos sean más poderosos y más mágicos cuanto más pobre sea el brujo porque en algún escrito, de esos que apetecen leer sus primo hermanos, los curas, reza que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos. Debo confesar que este asunto me ha hecho imaginar al reino de los cielos como un gran barrio de extrema pobreza, porque de lo contrario, sería una paradoja de tal magnitud que no habría falacia que pudiera sustentarla. Y supongo, que en el fondo, el argumentum ad lazarum debe gran parte de su popularidad a esta visión de la vida después de la muerte. No tendría sentido vivir la vida tratando de enriquecerse si ésta no es más que un entrenamiento para la vida del más allá en los miserables ranchos ya descritos.

Y a pesar de correr el riesgo de que me juzguen de ingenuo, quiero suponer que las noticias que leemos en estos días en el Vatileaks, han sido mal interpretadas por mentes enfermizas que suponen que ciertos monseñores del Vaticano se hicieron del dinero destinado a los pobres comprando edificios de lujo y armando burdeles de cinco estrellas para beneficio personal. Siendo (para mí), bien otra la realidad, en la que, por abnegación espiritual, cardenales y obispos se deshicieron del dinero de la caridad para que los pobres no perdieran su potestad y pudieran seguir su camino hacia el cielo de ranchos de latas y sulfurosas aguas servidas; e hicieron todo esto donando el dinero a instituciones inocuas para las almas castas, porque burdeles para ricos sólo pueden extraviar más por el mal camino a quienes ya están perdidos, y por esto me asombra que la crítica principal se dirija a la suntuosidad, al lujo y alto precio de las propiedades compradas por los monseñores ¿es que acaso no está a la vista lo diferente que habría sido si ese dinero hubiera sido invertido en burdeles de poca monta y bajo costo frente a los cuales pudieran caer en tentación los pobres perdiendo así el cielo de orinales detrás de la mata y letrinas de tierra?
El argumentum ad lazarum le debe su nombre a la parábola del Nuevo Testamento llamada «El rico y Lázaro». El Vaticano sabe lo que hace.
¡Ops! Creo que con este post caí en el  argumentum ad lazarum. Sorry.

Consulta Portátil Fattorello en el Vaticano